El aura signo como factor estético:   En el ámbito de la parapsicología , el aura se concibe como un campo energético de radiació...

Análisis de la obra de Yuki d' Luna por Jorge Méndez

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El aura signo como factor estético:


 

En el ámbito de la parapsicología, el aura se concibe como un campo energético de radiación luminosa multicolor que rodearía a las personas o a los objetos como un halo y que es invisible para la gran mayoría de los seres humanos.

Yuki D’ Luna (Patricia Silva) nos permite articular mirada sobre el aura, nos permite tender un puente entre el halo y la morfología, pues la atrapa a través del artilugio, la fija a través del signo en el sustrato tatuado de sus obras. Es así como este tatuaje de signos presentifica el simbolismo propio de su trabajo.

Walter Benjamin nos definía el aura como una trama particular de espacio y tiempo: la aparición irrepetible de una lejanía por cercana que ésta pueda hallarse. Se refiere a esa particularidad de la obra de arte que la hace única e irrepetible.

Patricia unifica ambas auras en lo presentificado: el aura signo y el aura de la obra de arte. Como una amalgama entre lo imaginario que captura la temperatura y el color del aura en sus personajes y esa particularidad única de su obra que la sitúa en el espacio tiempo como protagonista discursiva ineludible de un mensaje intimista y de atributos femeninos e introspectivos.

La mirada, cautiva en el imperio de la ilusión, desde el color a la perspectiva, profetiza las ilusiones de la mente. Allí en el motor de nuestra inteligencia Ilusionamos también el discurso de nuestras declaraciones visuales. Así es, los artistas articulamos ilusiones expresivas moldeadas con colores, formas, signos y significados.

Patricia utiliza el halo para cobijar y delimitar los signos de sus obras a manera de placenta cultivadora de simbolismo. Es aquí donde la ilusión determina el carácter de la construcción visual. El ojo siempre presente como capturador del aura, se fija a sí mismo como signo y fija en el sustrato los espectáculos de la naturaleza que se manifiestan explícitamente como signos en toda su riqueza y eclecticismo tatuándose dentro del halo: danza de fuego, de  lunas, hojas, mar, flores, estrellas, mariposas, humedad, raíces, tierra y lluvia, toda esta danza de signos naturalistas rodea el gran signo presente en la obra: la mujer. La mujer que visita comarcas ilusorias con miradas que atrapan sus componentes, ejercitando sumatorias de objetos que recorren las siluetas, y le hablan al oído, o simplemente dando cuenta en el universo figurador, de eventos decantados por la espiritualidad en la mirada redonda de la artista "laborante".

Jorge Méndez
Profe­sional independiente en Diseño Gráfico e Industrial.
Docente en Universidad e Instituto Profesional Los Leones.
 


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